Nº 27

LOS ESPIGADORES DE LA PALABRA
Ana Castaño

(1)
Antes de iniciar mi intervención, que va a ser muy breve después de todo lo comentado por mis colegas, me gustaría precisar algo que pienso que es fundamental para hacerme entender:

A parte de psiquiatra , soy psicoanalista, socio de la ELP-sede de Madrid . Obviamente estoy contratada por el servicio público como psiquiatra aunque resulta inevitable que mi práctica tanto clínica como de gestión en la institución en la que trabajo esté atravesada por el psicoanálisis .

Para saber el posible impacto de esta ley, la LOPS, se hace necesario una reflexión ,desde mi perspectiva, sobre las condiciones de posibilidad del psicoanálisis en mi ciudad, en Madrid.

Rápidamente me surge la pregunta ¿por qué en esta ciudad hay tanto obstáculo para la inserción del psicoanálisis?. Creo que el punto de partida se podría situar en que históricamente nunca formó parte del debate sobre el pensamiento contemporáneo , a diferencia de otros países, quedando excluido de los lugares que hacen insignia en la ciudad : La universidad, el ámbito de la salud, la cultura.........

Tradicionalmente ha quedado fuera por ser sospechoso de a-científico. Por ahora se podría pensar que no resulta amenazante.

Centrándome más en la situación actual de Madrid comentaros una característica de su política sanitaria : esencialmente pública lo que supone que al organizar un servicio las contrataciones se sesgan por las titulaciones académicas y no por el modo de hacer en cuánto a lo terapéutico.

En educación y Bienestar social si que existe la concertación con recursos privados para determinadas prestaciones, que pueden ser psicoterapias y sobre todo para colectivos específicos como la atención a menores y violencia de género. Estas psicoterapias que se contratan son fundamentalmente sistémicas y cognitivas y hasta ahora realizadas por psicólogos, sin más preámbulos.

Actualmente no hay ningún marco legal que regule “las psicoterapias” en el catálogo de prestaciones sanitarias, exceptuando el psicoanálisis que junto con la hipnosis y hasta hace poco el cambio de sexo, quedan fuera de la sanidad pública en tanto esta es gratuita.

Probablemente esa ausencia de marco legal nos permita existir como psicoanalistas, uno por uno y sin contar, en el espacio público desde nuestra lógica : Hacer de semblante de objeto lo que se contrapone a los ideales de salud y bienestar que determinan a la institución de salud mental.

Al menos por el momento en relación al encuentro íntimo y particular que supone el acto analítico , la administración no se inmiscuye: aquél que lo desee puede aplicar el psicoanálisis en su que-hacer de “puertas para adentro”.

En Madrid el debate sobre como regular lo psicoterapéutico desde las dos vertientes, de quién y desde donde y que lugar tendría el psicoanálisis se hurta, no se produce. Lo cual no quiere decir que en el aparente silencio no se vayan produciendo pequeños e insidiosos cambios y por tanto posiciones al respecto; va surgiendo lo que llamo el marketing oportuno, sino juzguen ustedes mismos: acaba de llegar a los servicios una oferta de cursos desde el SERMAS ( Servicio Madrileño de Salud) denominado “Intervenciones psicoterapéuticas en la adolescencia desde la perspectiva psicoanalítica en salud pública”

Hace algo más de un año se presentó en la Casa de la Villa el plan de salud mental 2003-2008 de esta comunidad, plan que se creó con un alto índice de participación de todos los profesionales de la red mediante los llamados comités de expertos. Aunque en diferentes apartados del plan hubo sugerencias que no han sido recogidas ,el método utilizado ahogó las críticas.

En uno de los apartados, muy de pasada , se hace referencia a la psicoterapia con el objetivo de incluirla, en un futuro, en el catálogo de prestaciones. Plantea incluir a las corrientes psicoterapéuticas de referencia, a saber, la sistémica, la cognitivo-conductual y la psico-dinámica. Ninguna mención a lo psicoanalítico. También señala fomentar la contratación de personal facultativo, es decir psiquiatras y psicólogos clínicos, con formación debidamente acreditada. Aquí comienza uno de los galimatías políticos actuales ya que nada se sabe de cómo será acreditarse.

¿ Acreditaría la escuela, mi escuela, en esta casilla psi,... psicoterapeuta?.

Los obstáculos son muchos ante esta nueva faceta del amo : La creciente presión asistencial, la exigencia de reducir listas de espera, aumento de la burocracia que conlleva dedicar cada vez más tiempo a rellenar protocolos, la próxima implantación del consentimiento informado (que supone que ante cualquier intervención sobre la salud, el ciudadano debe ser informado de las diferentes opciones terapéuticas y elegir) es decir la presencia de la medicina defensiva , cada vez hay menos espacios clínicos, de debate , de intercambio.

En definitiva la palabra cada vez circula menos, es un valor en desuso, con los efectos nocivos que esto tiene tanto para el sujeto, desabonado del inconsciente, como para la institución. No es de extrañar que nos llamen “charlatanes”.

En este horizonte de despropósitos aparece la ley de ordenación de las profesiones sanitarias que suscita una importante contradicción : Si se ha financiado un plan de salud mental donde se destaca la atención integral y socio-sanitaria como fundamental llevada a cabo por un equipo multidisciplinar que incluye psicólogos clínicos, trabajadores sociales, terapeutas ocupacionales, es decir profesiones que no están incluidas en esta ley ¿es que presuponen que lo psico-terapéutico no es sanitario?.

La aplicación de esta ley y sus posibles interpretaciones va a depender de la voluntad política del momento aunque ya hay una costumbre de difícil anulación : los votantes, los usuarios de nuestros servicios de salud cada vez demandan más por lo que podría llamarse los malestares en la cultura y en estas demandas quieren ser atendidos por psicólogos.

Una realidad inmediata ,que conozco porque por mi puesto acudo a tribunales de selección, es que las actuales contrataciones de psicólogos para estos servicios son con la categoría de clínicos. Desconozco como va a ser el criterio a seguir para dar o no dar esta categoría a los que lo han pedido tanto desde la práctica pública como privada sin que haya agravios.

Existe un importante desafío para el porvenir del psicoanálisis aunque mientras lo real insista habrá condiciones de posibilidad. Aún así se hace necesario ir inventando formas de aplicarlo sobre todo en el campo institucional : ¿qué fórmula supondría lo grupal?.

Obviamente si uno decide participar ahí , en el espacio público, ha de tener en cuenta las características del sistema sanitario como son la gratuidad, la universalidad, limitación en el tiempo, etc....así como incluirse en los lugares docentes que permiten la trasmisión ,pero ¿cómo hacerlo sin dejar de ser un discurso que no forcluye al sujeto?.

En lo referente a la Escuela , a sus miembros y a su política pienso que podría tratarse de dos posiciones : La pura .que haría a la intensión , en donde uno se autoriza a si mismo y la aplicada, que haría más a la extensión y necesita de la garantía del estado para participar en la polis, es decir las reglas del juego vienen del Otro.

Aunque el Otro no se pronuncie, no sancione a los psicoanalistas, no haya enmiendas, las cosas estén por pasar o pasen a medias, como sucede en mi ciudad, es posible el llamado comprometido a “la desobediencia civil “( la rebelión de los individuos) como da cuenta este foro de los psi. Hace un tiempo pensaba que quién calla, otorga. Ahora sé que no otorgamos.

En un artículo de opinión, me temo que casi el único por parte de nuestro acervo cultural ya que no está bien visto incurrir en la práctica del psicoanálisis, titulado “ Quitarle el velo a Freud”, su autor , el escritor Vicente Molina Foix dice que Francia es el laboratorio de nuestro futuro ya que lo que pasa allí acaba, limpiamente o en sucio, más tarde o más temprano pasándonos a nosotros.

Por tanto se avecina la caza de brujas, la normativa anti-sectas.

Este artículo evoca el magnífico documental de Agnés Varda “Los espigadores y la espigadora”, lo que me llevo a recordar que en el film los recolectores de los restos, de los desechos están en el borde, en el límite, con su regulación , haciéndose necesarios para el sistema, para la sociedad opulenta.

Mientras seamos los espigadores de la palabra hay un lugar para existir en la ciudad. Habrá que pensar ¿cómo?.



(1) Intervención realizada en el 1º Foro PSI, Barcelona, 14 de febrero 2004 , sobre el tema *La situación en España, desde el 21 de noviembre: la ley 44/2003*

Se atisba la posibilidad de reconfigurar la dimensión psi en Francia de un modo que tenga la ocasión de ayudar
efectivamente a los colegas de otros países a salir de los impases en los que se hallan actualmente atrapados.

(Extraído del apartado V del manifiesto de J.-A. Miller, Por una coordinación psi).