Nº 19

Política del resto
Carmen Cuñat

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Creo que ha llegado el momento de salir de los despachos, de abandonar el silencio. Y no sólo para interpretar a la LOPS, también a la LOU (Ley de ordenación de las universidades), a la LOGSE (Ley de Ordenación General del Sistema Educativo) , a la LOCE (Ley Orgánica de calidad de la enseñanza) y toda esa proliferación de leyes, reglamentos y normativas con las cuales se intenta resolver "completamente" la política .

Cuando empecé a trabajar, recién acabada la universidad, me interesé por la clínica con niños. Al mismo tiempo que empezaba a trabajar, se inició mi formación como analista. La universidad me había dado la posibilidad de elegir a qué me quería dedicar y qué formación me interesaba seguir; cosa que ya es mucho pedir a la universidad. En mi entorno, eran los principios de los 80, se asistía con entusiasmo a la creación de nuevos lugares de debate. En ese momento se creó la AEN, donde se reunían psiquiatras, psicólogos, asistentes sociales, educadores, psicoanalistas, todo ello con el fin de presentar una alternativa progresista, no sólo frente a la vieja y poderosa Sociedad española de psiquiatría sino también frente a la vieja y poderosa sociedad franquista.

Quiero recordar aquí en qué términos se planteaba esa alternativa, retomando las primeras frases del Boletín de la Asociación Madrileña de Salud Mental, asociación ligada a la AEN:

"Nuestra propuesta y nuestro compromiso es el de trabajar seriamente, desde la Junta y desde las Comisiones en la creación de espacios que permitan el encuentro en lo heterogéneo (de distintas profesiones, de formación y experiencia diversa, de distintos lugares de trabajo, etc.….) para dar lugar a la reflexión clínica, al debate sobre lo profesional y lo científico que sustenta nuestro trabajo diario, sobre las dificultades y limitaciones de lo asistencial en lo publico y para generar desde ahí propuestas de cambio"

Y bien, con ese espíritu de cambio y de compromiso no sólo se emprendió la reforma psiquiátrica sino también el desmantelamiento de las grandes instituciones educativas, esos internados públicos y masivos que habían servido a menudo para lavar la conciencia del régimen. Para ello se pidió la orientación a los psicoanalistas, y pudimos colaborar en esa tarea de una manera efectiva, trabajando al lado de los educadores, de los profesores, de los psicólogos, de los asistentes sociales, de los equipos directivos, orientando las reuniones, creando y asesorando a los primeros equipo de adopciones y de acogida, e intentando detectar y atender, al mismo tiempo, a los niños que no se adaptaban al sistema educativo. Pero cuando el desmantelamiento estuvo acabado y se trataba de continuar la tarea en pequeños centros, cuando los equipos interdisciplinarios recién estaban conformados, empezaron a acercarse a los centros ciertos tipos, ciertos señores con sus carteras llenas de objetivos, planificaciones, ideas claras sobre la educación, las normas, los limites, el control, en fín, ofreciendo un saber "científico" sobre lo que se debía hacer. Por supuesto, no dudaron en pedir una minuta sustanciosa acorde con lo que supuestamente ofrecían, con lo cual, el pequeño presupuesto que suponía nuestro asesoramiento quedó suspendido. Durante un tiempo, los directivos de la institución, subyugados por la maravillosa oferta, nos llamaban sin embargo por teléfono para plantearnos, a escondidas, sus dificultades con los casos más difíciles. Finalmente, los analistas cedimos la plaza y nos recluimos en nuestras instituciones. Diez años después, sabemos por los educadores que se acercan cada vez más al psicoanálisis, que de toda esa labor pasada sólo queda el automatismo de pedir una supervisión y que cada vez es taponada por un paquete de protocolos sobre limites, normas, control, rectificación de las conductas, etc., de lo cual huyen hastiados.

Lo que no percibíamos en ese momento - eran los inicios de los años 90 - es que, al mismo tiempo, se empezaba a implantar a nivel de la Enseñanza un sistema que quería abarcar, subsumir todos los problemas de la infancia. Digamos que primero lo que apareció fue el ideal de la integración, finales de los 80: todos los niños tenían derecho a asistir al colegio, a tener una atención escolar independientemente de si estaban en condiciones de recibirla. Hay que recordar también que en ese momento y aun hoy, se echaba de menos una cátedra de psiquiatría infantil. Y bien, ese ideal integrador, que tenía como pretensión evitar la exclusión y la segregación, desembocó en la Logse. La Logse, en efecto, prometía "la atención a la diversidad" y eso tuvo como efecto, entre otras cosas, que los niños con problemas graves se recluyeran en los rincones de las escuelas y que cada vez fuera más difícil, al menos en la Comunidad de Madrid, promover dispositivos donde se pudieran atender a estos niños con dificultades manifiestas para integrarse. Sin embargo, la Logse no sólo pretendía corresponder a ese ideal integrador, sus pretensiones eran mucho más ambiciosas. Lo que pretendía, orientada como estaba por las teorías cognitivo-conductuales, era reducir todo lo psíquico a lo cognitivo, es decir, que todo se podía abordar desde una metodología de estándares curriculares, sostenidos en una ideología preventiva, donde no había lugar, ni para lo nuevo, ni para el síntoma, ni para el resto.

Y bien, a pesar de la multiplicidad de dispositivos implantados para atender a la diversidad dentro de la escuela, el fracaso de la Logse ha sido evidente y no sólo para los niños con problemas. Que un niño sea incapaz de leerse un libro porque le obligan a aprender con protocolos, que un tutor se vea incapaz de aguantar una hora a la semana para hablar con los alumnos porque no tiene materia que dar y que pida una remuneración añadida por tener que realizar esa tarea, que un coordinador se vea incapaz, también, de reunir a los profesores porque no sabe para qué sirve su reciente acreditación de psicopedagogo, son síntomas evidentes del fracaso de esa ley, sostenida en un saber que se dice "científico" solo porque lo imita, forcluyendo eso sí, toda subjetividad. Anotemos que en su lugar se intenta instaurar el yo de la autoestima y del autocontrol, y cuando eso no funciona porque aparecen "los afectos", es decir, la agresividad y la violencia, entonces se deriva. La Psicopedagogía, es el nombre, el significante amo de ese saber, con el cual, hay que decir, todo el mundo en educación se siente muy incómodo. La Psidopedagogía es la pretensión de confundir lo psi con la educación, con el único fin de hacer del saber cognitivo-conductual un poder .

Y bien, los mismos profesores piden ahora, impotentes, la vuelta a un régimen de selección del alumnado, de programaciones restrictivas; se rehuyen los programas de garantía social, no se sabe qué va a pasar con la atención a la diversidad, y se acentúa a todos los niveles las exigencias de evaluación. Lean el segundo eje de las medidas de la nueva ley , que merecería por sí sólo un amplio comentario (2). Esto es lo que viene con la Loce - además de la enseñanza obligatoria de la religión.

¡Que Dios nos ampare! Pues el círculo se ha cerrado, la segregación está garantizada.

Entonces, de la misma manera que ahora los psiquiatras biologicistas más recalcitrantes, aliados con las técnicas cognitivo-comportamentales, intentan confiscar el ejercicio de las psicoterapias, podemos hacer la hipótesis que un primer ensayo de eso fue la Logse. En efecto, cuando empecé a trabajar a pesar de que era muy novata, los niños venían a la consulta, los educadores pedían orientación; luego, durante un largo tiempo fue el silencio y ahora vuelven los restos del naufragio pero con una novedad, los niños vienen intoxicados por el Rubifen, con ese diagnostico de "hiperactividad" que se coloca muy bien en la intersección de la psiquiatría biologicista y la psicopedagogía, acompañados por padres que están dispuestos a venir de lejos y a pagar lo que sea para que se les ayude a salir del desbordamiento y del desconcierto.

Podríamos contentarnos con esto, al psicoanalista no se le caen los anillos por ocuparse del resto, pero no nos engañemos, no se puede tratar a un niño ni a un adulto en cualquier condición. Y si se pudiera, eso sería también caer en la pasión totalizante de esos saberes que criticamos y que acompañan a la política. Por otro lado, saber hacer con el resto no es identificarse con él. Es saber ponerlo sobre la palestra para mostrar que es eso lo que se pretende segregar porque es imposible de acomodar. A mi entender, el psicoanálisis tiene una oportunidad de constituirse en "factor de la política" si persevera como en la cura, en poner a cielo abierto, lo imposible de reglamentar.



(1) Intervención realizada en el 1º Foro PSI, realizado en Barcelona el 14 de febrero, sobre el tema Lo psi ¿un factor de la política?

(2) "El segundo eje de medidas de la LOCE consiste en orientar más abiertamente el sistema educativo hacia los resultados, pues la consolidación de la cultura del esfuerzo y la mejora de la calidad están vinculadas a la intensificación de los procesos de evaluación de los alumnos, de los profesores, de los centros y del sistema en su conjunto, de modo que unos y otros puedan orientar convenientemente los procesos de mejora. Esta acentuación de la importancia de los resultados no supone, en modo alguno ignorar los procesos que conducen a aquellos , ni de los recursos en los que unos y otros se apoyan. La evaluación, es decir, la identificación de los errores y de los aciertos no sólo es un factor básico de calidad; constituye, además, un instrumento ineludible para hacer inteligentes políticas educativas a todos los niveles y para incrementar, progresivamente, su oportunidad y su adecuación a los cambios". Ley orgánica 10/2002 de 23 de diciembre, de Calidad de la Educación, in Disposiciones generales.

Se atisba la posibilidad de reconfigurar la dimensión psi en Francia de un modo que tenga la ocasión de ayudar
efectivamente a los colegas de otros países a salir de los impases en los que se hallan actualmente atrapados.

(Extraído del apartado V del manifiesto de J.-A. Miller, Por una coordinación psi).