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El mausoleo del universitario progresista se erigió en nuestro país al final de las protestas contra la L.O.U. Se puede vaticinar que ésas fueron y serán las últimas movilizaciones reivindicativas en los Campus por mucho tiempo. La ley se aprobó con el peso de la mayoría parlamentaria y las voces críticas cesaron. Los universitarios volvieron a las aulas, a los despachos a los laboratorios, a sus prácticas de empresa. Era la hora de hacer recuentos y cábalas sobre las elecciones (varias) que se avecinaban. En los corrillos se oía un dicho tranquilizador: cambiar todo para que nada cambie.
Un mausoleo vacío. Los moribundos encontraron los ingredientes mágicos para una sanación milagrosa: competencia, calidad, convergencia, espacio europeo. La frustración es una vía regia para las buenas intenciones. Como recientemente refería A. Lecroart, recordando lo dicho por J.A. Miller, ahí está la seducción (narcisista) de las sirenas.
El intento en varios países de nuestro entorno del reordenamiento profesional de la práctica psi no es ajeno a los cambios que supone la convergencia hacia un Espacio Europeo de Educación Superior, uno de cuyos supuestos fines fundamentales es la libre circulación de profesionales en la Europa de mercados comunes. También las enmiendas higienistas en Francia y la insuficiente inclusión de la psicología clínica española entre las profesiones sanitarias son manifestaciones enraizadas en el mismo movimiento general: el intervencionismo Uno:Todo en aquellas experiencias susceptibles de in-docilidad con el discurso capitalista. Lentamente, como preveía en Madrid G. Brodsky, las llamadas profesiones liberales tenderán a desaparecer. Primará la mutualización de sus servicios.
Las implicaciones de este tipo de maniobras políticas son múltiples en la puesta al día de la política universitaria tanto en el terreno académico como investigador. Lacan muestra la profunda connivencia entre el capitalismo y la homogeneización que la ciencia posibilita del saber al mercado. Esto le posibilita definir la plusvalía como la incidencia científica sobre la Cosa, posibilidad de contabilizar el plus-de-goce en términos de mercancía, adelantando al discurso capitalista como heredero privilegiado del discurso del Amo antiguo (1) .
La universidad aspira a ser la “fábrica” de los titul(ad)os del mañana. El control de los cursos de postgrado, master (también de teoría y práctica psicoanalítica), experto, etc., se percibe como una prebenda más que atractiva. Para ello es necesario asegurar los nuevos emblemas de calidad y competitividad, para lo cual el primer paso es el establecimiento de estándares tanto curriculares como profesionales. En esta lógica se impone un modelo de competencias profesionales determinado por los cambios y supuestas demandas de la sociedad y el mercado laboral. Se habla de conceptos de competitividad, como los rankings de prestigio entre universidades españolas y europeas, que difícilmente pueden ser dialectizados con una idea de Universidad como servicio público. El modelo que subyace es claramente paradójico: originario intervencionismo supranacional y aspiraciones privatizadoras para la gestión y consecución de recursos.
Hay puestas muchas esperanzas en la diversificación de las posibilidades de práctica profesional a contextos dispares y se ensalza el futuro de la psicología aplicada. Esto lleva a Robert Roe, reputado profesor holandés y miembro del equipo europeo que prepara el proyecto de Diploma Europeo de Psicología, a afirmar que “no hay algo llamado generalista en psicología: todos los profesionales psicólogos de algún modo ejercen de especialistas. En este aspecto la psicología se parece más a la profesión de ingeniero y difiere de la profesión médica” (2) . La psicología entonces parece ubicarse más cómodamente entre las profesiones técnicas que en las sanitarias. Especialistas en ingeniería psicológica: anorexia, bulimia, autismo, mobbing, burnout, bullying…
La Comisión Europea está apoyando los esfuerzos tendentes a la armonización educativa y profesional. En el caso de la Psicología podemos destacar dos proyectos financiados por el programa Leonardo: proyecto “EuropsyT” (A European Framework for Pyschologists’ Training), dirigido a la formulación de un marco general en el diseño y desarrollo de los currícula para la formación de los psicólogos europeos, y el “EuroPsy” (Developing on European Diploma of Psychology), conducente al establecimiento de un Diploma Europeo estandarizado de acreditación de las competencias profesionales para el ejercicio profesional.
En el primer caso el equipo EuroPsyT se impone, entre otros, el objetivo de desarrollar un marco de requisitos mínimos para la educación y la formación en la psicología profesional que pueda proporcionar la base para determinar la equivalencia de titulaciones. La psicología es definida como una aséptica “disciplina que se ocupa de los procesos mentales y sus manifestaciones comportamentales” (3) . La propuesta marco introduce el significante “psicólogo profesional” sin más presentación pero podemos concluir, si avanzamos nuestra lectura, que se impone un criterio diferencial común al establecido, por ejemplo, entre licenciado en derecho y abogado. Así se articula un modelo de desarrollo de la competencia profesional basado en dos fases de educación académica (3 + 2 años) más un año de práctica supervisada para acceder a la práctica profesional independiente. El flujo de entrada de información para la educación tiene carácter descendente y el de entrada de información para la formación, colocación y práctica profesional, sentido ascendente a lo largo de estos seis años.
El rol de este psicólogo profesional queda establecido como la capacidad para “desarrollar y aplicar principios, conocimientos, modelos y métodos psicológicos de manera ética y científica con el fin de promover el desarrollo, el bienestar y la eficacia de los individuos, los grupos, las organizaciones y la sociedad” (4) . Difícil matrimonio el de la ética y la ciencia por fuera del comité disciplinario y la reglamentación deontológica. El apodo “profesional” se aclara todavía más y muestra su verdadera faz cuando se afirma que la fase 1 (3 primeros años) no proporcionará cualificación profesional alguna como psicólogo aunque ofrecerá un conocimiento “valioso” para trabajar en una variedad de entornos públicos y privados: un bachillerato psicológico en cualquier caso, mercado y consumo de saber, saber por saber sin querer saber nada de las consecuencias. Un claro aparcamiento de desempleados, si hacemos caso a la opinión mayoritaria de los alumnos con los que he debatido la propuesta marco.
El segundo proyecto, EuroPsy, surge ante la necesidad de “desarrollar estrategias que faciliten y potencien la práctica profesional de los psicólogos en los diferentes países europeos al tiempo que se garantice la competencia, la calidad y la ética profesional en la prestación de dichos servicios” (5) . Su objetivo principal es entonces el establecimiento de un sistema de estándares para la educación y formación de los psicólogos profesionales europeos a través de la expedición de un Diploma para todos aquéllos que cumplan con los citados estándares. Dicho diploma se concede a psicólogos que acrediten este cumplimiento, tiene una duración de siete años, ampliable, y capacita a los profesionales a estar inscritos en el registro europeo de la Asociación Profesional EFPA (Federación Europea de Asociaciones de Psicología), accesible vía internet para potenciales “clientes”. El Diploma, claro está, se concederá a aquellos estudiantes que hayan finalizado su formación universitaria a través de un plan de estudios que cumpla las exigencias establecidas y que haya realizado un año completo de práctica supervisada en uno de los ámbitos profesionales de especialización por un psicólogo diplomado europeo.
Volvamos para terminar sobre el proyecto EuroPsyT que establece igualmente el estándar básico global, catálogo exhaustivo de saberes, para garantizar la unicidad y convergencia curricular. No obstante, se apunta hacia el respeto políticamente correcto a la diversidad (la cuota mínima, ni un gramo más) dejando cierta libertad para ajustes a las condiciones particulares. Pero en definitiva, se orienta la formación universitaria hacia el saber capacitador definitivo, definitivamente indefinido, pues se habla también de formación continua a lo largo del ciclo vital, comparable, equiparable, evaluable, controlados todos los inputs y outputs del proceso. Frente a ello el psicoanálisis fundamenta un saber excepcional, fuera de catálogo, si valoramos en su medida la idea de Freud de que la universidad no es imprescindible para aproximarse al saber en juego en psicoanálisis. Así, ante la pregunta de una estudiante en la visita que realiza al centro experimental universitario de Vincennes en 1969 sobre el porqué los estudiantes no pueden convertirse en psicoanalistas tras su paso por la educación superior, Lacan responde que el psicoanálisis no se transmite como cualquier otro saber. Frente a la Universidad, la Escuela no tiene en su horizonte el ideal de un saber absoluto, sino más bien la negatividad de saber, una producción de saber en reserva, la posibilidad de lo que Lacan llamó el único saber oportuno. Ahí localizamos los principios frente al estándar.
No es por ello sorprendente que sea el psicoanálisis quien esté animando la movilización del mundo psi. El affaire Accoyer-Mattéi es un punto de partida pero habrá un después. Toma toda su fuerza el extracto del apartado V, del manifiesto de J.-A. Miller, Por una coordinación psi, que encabeza el Observatorio Psi. Éste y otros impases reticulares se sucederán y pretenderán atraparnos en sus hiladuras. Como afirma también J.A.M. en una reciente nueva entrevista “Ha llegado el momento de quemar nuestras naves. Luego de Accoyer, el psicoanálisis no será jamás lo que era” (6) . Es el psicoanálisis como factor de la política.
- Alemán, J. (2003) Derivas del discurso capitalista. Miguel Gómez Ediciones. Málaga.
- Roe, R. (2003) ¿Qué hace competente a un psicólogo? Papeles del Psicólogo, 24, 86, p.2.
- Proyecto EuroPsyt (2003) Una propuesta marco para la educación y la formación del psicólogo en Europa. Infocop, 86, p. 67.
- Proyecto EuroPsyt (2003) Op. Cit. P. 68.
- Peiró, J.M. (2003) La enseñanza de la psicología en Europa. Un proyecto de titulación europea. Papeles del Psicólogo, 24, 86, p. 29.
- Miller, J.A. (2004) Nueva entrevista “La Reconfiguración”. Agencia Lacaniana de Prensa. Boletín especial “La Guerra de los Palotinos”, 11.
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