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Trabajando sobre el tema que nos reunirá en Madrid con motivo de la VI Conversación y que contará con la presencia de la Delegada General de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, Graciela Brodsky, referido a los principios de la abstinencia y la neutralidad analítica, me he encontrado con un texto de Hannah Arendt de los años setenta sobre “La desobediencia civil”.
Se han anudado así estos dos principios y el comunicado de la Agencia Lacaniana de Prensa nº 5 donde Jacques-Alain Miller nos alienta a la desobediencia civil, si la lucha que se está dando frente al poder legislativo francés no se gana.
El plural que utilizo no responde únicamente, esta vez, a una cuestión de estilo en mi escrito, sino que implica la certeza de que esto que ocurre en Francia no es una cuestión exclusivamente de una nación, sino que supone cambios políticos de una envergadura que comprometerá nuestra existencia, la de nuestros hijos y la de nuestros nietos.
Tenemos a nuestro favor la clarividencia de Jacques-Alain Miller que con sus Cartas a la Opinión Ilustrada en el 2000, y mucho antes, con la construcción de las Escuelas y la Asociación Mundial de Psicoanálisis, comenzó a poner los cimientos de nuestra salida “a plena luz” que ahora nos beneficia y nos hace estar adelantados y poder abanderar, junto a otros, el movimiento necesario para defender nuestra “causa”.
Ahora, pasaré a comentar algunas reflexiones que me han surgido a raíz de los acontecimientos que vienen ocurriendo en Francia y en España y la alternativa de la desobediencia civil como respuesta.
Lo dividiré en diversos apartados:
Asociación civil diferente a partidos políticos.
Arendt refiriéndose a la situación de EEUU en los años 70 analiza la tendencia asociativa en este país como la alternativa democrática contra los excesos democráticos, excesos legislativos. Las asociaciones tendrían la ventaja de anudar la decisión individual con la comunitaria. Cada uno según su conciencia, moral, política, etc., tiene algo que defender y se junta para ello con otros que comparten esta misma causa. Se trata de minorías las que se asocian para defender sus causas, que las mayorías democráticas no tienen en cuenta.
La desobediencia civil a plena luz del día.
Se trata de desobedecer una ley pero, declaradamente y a plena luz del día. No se trata de decisiones tomadas por cada uno en privado, sino que suponen la negativa expresa y pública realizada por un conjunto de personas que defienden un mismo principio. Esta es una forma de enfrentar los excesos de las leyes, cuando los poderes del Estado no responden a las legítimas reclamaciones.
En el caso de esta oleada que, más claramente, ha tenido su inicio en Francia y que atraviesa toda Europa, la evaluación se torna el eje fundamental. Una ferocidad evaluadora que supone el olvido del descubrimiento freudiano, del psicoanálisis, e incluso de la literatura, de la filosofía, del arte y que sostiene el presupuesto de que “todo” en un sujeto puede ser incluido en el cálculo. Es un rechazo de la división subjetiva, de tal potencia, que resulta difícil imaginar sus consecuencias. ¿Que pasará con ese imposible de contabilizar que es el goce, cuando se fuerce su contabilidad?, ¿qué hará el Estado para hacer que esta “ley insensata” se cumpla?. El otro día en Le Monde una viñeta cómica lo expresaba muy bien, aparecía un analista y su paciente tumbado en el diván, llaman a la puerta y el analista abre, aparece un uniformado que enseña las credenciales “policía psíquica, sus papeles”, frente a la cara de sorpresa del paciente. Esta es la “forma benigna” que tiene el humorista de mostrar el porvenir. ¿Seguiremos pensando que lo que ocurre con las leyes que se realizan en Francia, España, Europa etc., el fichaje policial de las personas que circulan libremente y este chiste, no tienen nada en común?.
En la época franquista uno de los mejores aliados del régimen fue el poder que monopolizaron algunos psiquiatras y que siguen, en la actualidad, queriendo mantener a toda costa. No debe ser casual, tampoco, que el programa de la carrera de psicología responda únicamente a lo cognitivo-comportamental. Una carrera que de hecho deja de lado cualquier estudio de lo subjetivo que implique la subversión freudiana, fomentando así la creencia en un naturalismo (los seres que hablamos degradados a la pertenencia exclusiva al mundo animal) que mantiene a los alumnos en un desconocimiento ideológicamente sospechoso. Los lugares donde puedan ser formuladas las preguntas sobre las propias paradojas del sujeto escasean, y solo el encuentro contingente acude en ayuda de los estudiantes.
En España, el desarrollo del psicoanálisis y su alternativa asociativa fueron posibles gracias al final del franquismo y a la transición democrática. La Asociación sigue siendo la fórmula de reunión de los psicoanalistas, ni los poderes políticos mayoritarios, ni el poder universitario, ni el poder de los medios nos otorgan un lugar. Es evidente que cada vez es mayor nuestra fuerza y nuestra influencia, pero no hay que olvidarse que ella surge del trabajo de años en el marco de nuestra estructura asociativa, primero Campo Freudiano, después Escuela Europea, después en un círculo más amplio Asociación Mundial de Psicoanálisis, después Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano. Lugar que ya no puede ser negado. El hecho de haber conseguido constituir una Escuela con una Asociación que responde al ámbito nacional, a la vez que está anudada al ámbito Mundial, nos otorga una capacidad de incidencia mayor.
El pasado, el futuro, lo que permanece, lo nuevo. Los muros.
La organización de la vida ciudadana en sus distintos ámbitos, sanitario, educativo, cultural, universitario, implica también un tratamiento del pasado, la historia, del futuro, de lo invariable y de los cambios.
No debe ser casual que la incidencia del psicoanálisis entre los intelectuales en España, por suerte no-todos (entre otros Eugenio Trías que en su libro autobiográfico muestra la importancia que tuvo su experiencia personal de análisis en lo referente a su obra, y que en el diario El Mundo, hace un tiempo, criticó el tratamiento que los intelectuales españoles habían dado al psicoanálisis de Freud y de Lacan), lleve la marca del rechazo a psicoanalizarse. Se acepta lo que aportan los textos y la enseñanza de Freud y de Lacan pero cercenados de la praxis que los acompaña. Cuando escritores, filósofos, sociólogos, etc, eligen ante cualquier sufrimiento personal la salida farmacológica o la terapia cognitivo-comportamental antes que una práctica que incluye la escucha, no deja de sorprendernos. ¿No responde esta elección al sometimiento “inconsciente” a una determinada política de la memoria y el olvido, que en el modelo de la transición española ha dejado secuelas que convendría afrontar?. ¿Cómo es posible, que haya encontrado un espacio esta política de José María Aznar cuyo adjetivo de franquista es admitido una y otra vez por los medios? No debe ser casual que intelectuales cuya presencia en los medios es indudable y que son reconocidos por todos, se hayan visto obligados a trabajar sobre la perversión del lenguaje (Savater y Pardo) como medio de ejercer un poder. Es un intento de explicar lo que viene pasando.
Hay algo de lo que se intenta imponer en Francia que nos evoca lo que de manera silenciosa viene pasando en España. No nos engañemos, a pesar de los progresos sociales, económicos, institucionales, en nuestro país ocurren cosas que en cualquier otro país europeo que no atravesó el franquismo serían impensables y esto es lo que quieren hacer que olvidemos. Lo que en un principio es un handicap, podría ser usado a nuestro favor.
Una y otra vez surge entre nosotros la pregunta de porqué los psicoanalistas no ocupan ciertos lugares institucionales, porque no aparecemos en la prensa, en los medios, y hasta ahora hemos respondido a esta pregunta cuestionándonos a nosotros mismos, nuestra trayectoría; pero quizás ha llegado el momento de mostrar que hay un “muro” decididamente instalado para no permitir esta incidencia cuando de los poderes públicos se trata. La aceptación de la práctica analítica se da mas en gentes del teatro, del cine, artistas, que por su propia actividad saben de la división del sujeto y de lo singular irreductible. Si en general, aunque cada vez menos, muchos pacientes nos hablan de su temor para contar que se psicoanalizan pues esto supone consecuencias en el trabajo, en las relaciones amistosas, en la posible duda sobre su cordura, ¿qué supondría esto para profesores de universidad, para intelectuales de sumo prestigio? (Vicente Molina Foix, en el diario El Pais comienza hablar de la ley Accoyer y antes que nada aclara que él no se ha psicoanalizado). En Francia, al contrario, los intelectuales que han intervenido en los Forum Psy sienten el agradecimiento de haber tenido la posibilidad de analizarse pues esto ha supuesto un cambio en su vida un encuentro con algo nuevo que los entusiasma, aún hoy, y por ello no quieren que las leyes de su país hagan que esta posibilidad pase a ser “semi-clandestina” o se la relegue a la marginalidad. Además, saben que esta maniobra es solo el comienzo de algo más peligroso aún.
En el trabajo que nos queda por delante para afrontar la ley de noviembre de 2003 sobre las “ciencias sanitarias” en España y la enmienda Accoyer en Francia, quizás venga bien recordar estas cuestiones incluso para nosotros mismos. Conviene no olvidar lo que Jacques-Alain Miller en el encuentro con Jean Claude Milner nos advierte, esta evaluación no es sin nuestro consentimiento, necesita de nuestra aceptación. Este consentimiento lo damos casi continuamente, cuando nos prestamos a responder a una encuesta, cuando aceptamos evaluaciones psicológicas de nuestros hijos en los colegios, cuando utilizamos móviles que para publicitarlos nos muestran a un chico fotografiando el beso furtivo y secreto de un hombre y una mujer que recorre el mundo a través de los SMS…¿No es esta una propaganda que incita a no respetar lo íntimo, a la delación?, ¿los programas del corazón tan de moda en nuestro país, no son un sistema “al estilo español, esperpéntico y grotesco” de sancionar el “mal vivir” (Jean Claude Milner) de los sujetos, acusándose los unos a los otros, frente a un tribunal de “periodistas”, que deciden según los porcentajes de audiencia el ritmo de la “carnicería mediática”?
Con sistemas más burdos o más refinados se intenta sostener el mismo dominio, se le despoja al sujeto de su estatuto ético al escamotearle su elección, elección anudada a una causa y que se resiste a pasar a la contabilidad, al cálculo.
Cada vez más, vemos anudados el imperativo de objetividad y de evaluación del goce con la monstruosidad esperpéntica de su exhibición. En este sentido puede ser que en España llevemos la delantera. Seres degradados, monstruosos, rebajados, que se exhiben como mercancía con su propia bendición y consentimiento, por un minuto de existencia mediática. Curiosamente, cuando en este afán desaforado, alguna de estas personas se quiebran, se divide en directo, es retirada, aunque sea temporalmente, de las pantallas. Una cosa es dar a ver el goce obsceno, y otra muy distinta, es mostrar el vacío, la inconsistencia, la falta de justificación de la existencia de un sujeto.
Con este panorama, abstenerse de actuar, la neutralidad no es posible pues está en juego la existencia del psicoanálisis. Es el momento de “defender” “la causa freudiana” a cara descubierta y avanzando en todos los lugares en los que podamos, y que a partir de ahora se tornarán más de los que pensábamos.
El “foro psi” del 14 de febrero en Barcelona, será un punto de partida.
Mercedes de Francisco
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