AGENCIA LACANIANA DE PRENSA

Nueva serie, n° 2

París, viernes 14 de enero de 2005


JAM (continuación)

París, 14 enero (ALP) — La entrevista con Jacques-Alain Miller comenzó ayer, jueves, y prosigue hoy.

- Y bien, apenas anunciado, su tema « el derecho al secreto » es la noticia que está ya en boca de todos

¡La policía requisa a la prensa!

Oh!, Ustedes verán muchas más de estas sensacionales coincidencias. El secreto es un punto neurálgico.

- ¿De qué?

Decir « de la civilización del siglo XXI que comienza » es pomposo, ¿pero es acaso inexacto ? Siga con ese hilo de Ariadna la actualidad, y la misma será leída de otra manera.

- ¿Y cómo ?

Están las anécdotas, y está el proceso Las anécdotas son múltiples, el proceso es uno: se trata del crecimiento exponencial del saber, que entiendo como el de la información digitalizada, cifrada, de ahora en adelante stockable, manejable, transferible, en proporciones y con una facilidad inéditas en el siglo XX. ¿Es aún nosotros, « el hombre», quien quiere saber? Se tiene más bien la impresión de que es la fuerza impersonal de ese saber la que quiere nutrirse de nosotros, tanto de nuestro espíritu como de nuestro cuerpo. Aquellos que uno toma por nuestros amos, que se presentan como tales, son solo desgraciados luchando son ese nuevo real, esta planta carnívora, si puedo decirlo, que empuja a lo más profundo de la humanidad, al terreno, al humus de lo humano (Lacan hacía ese juego de palabras).

Se trata de poner en una maceta a esta planta monstruosa, podarla como se poda la vid, que da el vino, el vino de la verdad.

Pero la planta-saber es totalmente otra cosa.

¿Cómo se quiere dominar el proceso ? Por medio del discurso jurídico, el de los derechos y de los deberes? ¿Hasta donde llega el derecho de saber ? ¿Quién tiene el derecho de saber qué? ¿El que sabe, tiene el derecho de decir, el derecho de no decir, el deber de decir o el de callar? Con los conflictos de deberes que esto implica..

Fíjese la anécdota de esta mañana , Le Point, L’Équipe, que no son publicaciones subversivas, son requisadas. Hace poco era Judith Miller quien se encontraba amenazada con ir a la cárcel.

- ¡Judith Miller!

No, se trata de la periodista homónima, del New York Times, que se niega a entregarle a la justicia el nombre de un miembro de la administración Bush, muy posiblemente Karl Rove o uno de sus acólitos, quien le reveló a esta periodista y por su intermedio al público, la pertenencia a la CIA de la esposa del diplomático que desenmascaró la patraña según la cual el régimen de Saddam había conseguido de Nigeria las piezas indispensables para la fabricación de las supuestas « armas de destrucción masiva », que se revelaron luego inexistentes.¿Me sigue usted ?

No es fácil decir dónde esta el bien, dónde el mal. El saber que el señor X tenía de la identidad de la señora Y, no debía decirlo. Lo dice para vengarse del diplomático que sabe acerca de la mentira bushiana. Decirlo, está mal. La justicia quiere entonces perseguirlo. Para hacerlo, reclama saber la identidad de la señora Y, lo que detenta Judith Miller. Pero ese saber, ella misma se niega a decirlo. Y esta vez, no decirlo , está mal frente a los jueces. Pero es necesario para los periodistas y el ejercicio de la profesión, que consiste en ver y hacer saber.

-¡Es medianamente un enredo!

Es el laberinto en el que se trata de ver el hilo de Ariadna. La prensa y la policía no existen hoy, hoy el conflicto estalla alrededor de este objeto: el saber. No son los periodistas quienes están cuestionados sino las computadoras.

Observe el nacimiento del dossier tal como Foucault lo evoca en su libro Vigilar y castigar. El proceso marcha a pasos precavidos, y ya estamos con el dossier informatizado, y por lo tanto entonces, cambio de escala, de naturaleza, de dimensión.. La información extraída de vuestra pobre caja se separa decididamente de vuestra persona para alcanzar saber universal.

Por otro lado, es quizás demasiado decir que es universal, dado que ¿quién hay para totalizarlo? Sería tranquilizador creer que podría haber alguien, un amo, una conspiración capaz de apropiárselo. Es más bien el saber por el saber, el saber autónomo, el saber absoluto. Es el saber el que quiere crecer y extender, por sobre el periodista y la policía que se oponen y se devoran, pero es el saber el que se queda con la mano.

¿Y cuál es la apuesta?

Usted, en tanto reducido a la información, a un montoncito de información que basta con que esté digitalizada para que virtualmente se vuelva de dominio público.

-¿Y es a esto a lo que usted quiere oponerle su « derecho al secreto"? Se da cuenta hasta qué punto es irrisorio.¡Es un dique contra el Pacífico!

¡Ya es algo preguntarse con qué salsa uno quiere ser comido por el saber absoluto! Indica al menos que uno no quiere ser comido así no más, ¡crudo! « Déjame extraer de ti el saber, es por tu bien», alega el sirviente del progreso. Se puede poner en duda esto. El argumento de ese bien disimula lo que está en curso: el pasaje del saber al rango de un valor incondicional, la absolutización del saber. Es la forma más evidente de esta misteriosa "pulsión de muerte" que Freud reveló en la compulsión a la repetición que habita lo que Pascal Quignard llama bellamente « el otrora » (ver su entrevista en Le Monde de ayer) y que es el inconsciente. Esto no deja mucha esperanza al « principio de precaución", que es el otro nombre del « principio de placer".

-¡Ya basta! Por lo que dice , se entiende que la actualidad inmediata tanto como la historia universal están en juego en este Forum, incluido el psicoanálisis.

Pero por supuesto.

Retomemos la próxima semana.



Traducción: Graciela Esperanza