El título de esta charla está tomado de la intervención de J.-A.Miller en la conclusión del Encuentro PIPOL3, celebrado en París a final de junio de 2007.
En efecto, hay un lugar analítico posible en institución. No es ninguna novedad, ya que, en alguna medida, lugares así han existido siempre a lo largo de la historia del psicoanálisis. Lo que sucede en la actualidad, es que la realidad social ha contribuido a que los analistas salgan de sus gabinetes y se desplacen a contextos institucionales diversos, y todo indica que en el futuro esta tendencia puede aumentar. Por fortuna, los efectos psicoanalíticos no precisan de ningún encuadre, les basta con el discurso, es decir, con la instalación de las coordenadas simbólicas por un analista. Pero para ello es necesario que las instituciones, las que no están orientadas por este discurso, permitan la instauración de un lugar así en su seno. De entrada, no está garantizado que estén predispuestas hacia el psicoanálisis. Pensamos que, en ellas, se debe aplicar el discurso analítico a los pacientes que nos confían y hacer valer nuestra práctica con los profesionales que solicitan nuestra colaboración. El psicoanálisis será aceptado en la medida en que produzca efectos terapéuticos, ya sea cambios subjetivos o de apaciguamiento de la angustia, o de una forma más pragmática, en la medida en que sea valorado como útil. Se trata, por tanto, de conseguir efectos terapéuticos y efectos transferenciales.
La lógica del psicoanálisis no es la del discurso del amo, no dicta a cada cual los pasos a seguir para incorporarlo a una supuesta normalidad social. Apunta al uno por uno, respetando la singularidad de cada sujeto y su responsabilidad. Es a éste a quien corresponde encontrar la manera propia de establecer el lazo social. Ante esto nos podemos preguntar: ¿Cómo sostener un lugar para el discurso analítico en una institución, cuando ésta se rige por el discurso del amo? Una respuesta posible sería: A partir de su fracaso. El discurso del amo fracasa, los sujetos no se ajustan a él, la institución falla en sus objetivos y aparece la angustia. En este punto el psicoanálisis tiene la ventaja de estar advertido, sabe que esto falla y, además, sabe que se trata de fallar de la buena manera. Es ahí donde puede alojarse.
Y bien, esto es lo que intentamos, en una experiencia que se inició hace varios años, en una colaboración con un centro educativo que orienta sus diferentes programas a niños y adolescentes que han sido excluidos de la escolarización más normalizada o que están en riesgo de serlo. El lugar posible para el psicoanálisis se concreta en un espacio de atención individual a los alumnos y en supervisiones regulares a los educadores.
A continuación expondré un ejemplo clínico con el que espero poder mostrarles cómo unos efectos terapéuticos, que no se ajustan plenamente al discurso del amo, han podido ser soportados por la institución, sin mayores contratiempos, por el momento. Se trata de una niña de 11 años que acude tras un largo recorrido por diversos servicios médicos y psicoterapéuticos. Está diagnosticada de dislexia y TDAH, y medicada con Rubifén. Fue descrita como muy encerrada en sí misma o exageradamente tímida, aunque, en ocasiones, presentaba momentos de agitación en los que se echaba al suelo, temblando, llorando y gritando. Sufría temores nocturnos que le impedían dormir sola. En el colegio tenía un buen comportamiento en clase, pero se mostraba igualmente muy retraída. Su rendimiento escolar era muy bajo y tenía un dictamen de disminución intelectual.
Mostraré brevemente la evolución del caso en las sesiones realizadas hasta ahora. Los episodios de agitación se producían cuando sus familiares salían de casa, ya que temía que les sucediera alguna desgracia. Empezaron hace varios años, después de que muriera su perra, al caer desde el balcón. Ocurrió durante una noche de verbena. La familia había salido. Suponen que la perra se asustó por los petardos, y al regresar a casa encontraron su cuerpo en la calle. Más tarde se lo llevaron los empleados del ayuntamiento. Ella tuvo un gran disgusto y para consolarla compraron otro perro. También desde entonces sufría pesadillas recurrentes en las que sucedía algún acontecimiento traumático a ella o a algún miembro de su familia. Destacó una en la que el hermano la tiraba a ella por el balcón.
Respecto a los estudios, no quería repetir curso, ya lo hizo una vez y desde entonces era la mayor de la clase, por lo que los compañeros se burlaban de ella. Tenía alguna amiga, pero, en general, se relacionaba muy poco.
Se lamentó de que apenas hablaba con su familia. Cuando regresaba a casa le preguntaban mucho, le decían lo que debía haber hecho y le insistían en si le había pasado algo. No la escuchaban y siempre la corregían. Todo esto la agobiaba, se callaba y marchaba sola a su habitación. Nunca se había atrevido a decirles todo esto. A los pocos días de hablarlo en sesión, expuso estas quejas a la madre y pidió que la escucharan. A partir de entonces habla más con todos, le cuenta sus temores al padre y éste la comprende y la tranquiliza.
Poco tiempo después, el perro que tenían en casa se comió una paloma muerta y murió en su presencia. El padre los llevó a enterrarlo cerca del mar y pusieron unas flores. En sesión volvió a recordar la muerte del primer perro y concluyó que no quería más perros.
Destacaremos que esta muerte, seguida de un acto simbólico oficiado por el padre, parece abrochar la anterior. A partir de entonces las pesadillas han remitido, aunque los temores persisten, por lo que continúa sin poder dormir sola. Sigue temiendo por los suyos, pero han desaparecido los episodios de agitación. En general se ha constatado un notable cambio en ella. Su rendimiento escolar ha mejorado. Fue por primera vez de colonias y, aunque tuvo miedo por la noche, pudo controlarse y se lo pasó muy bien. Ha hecho algunas amigas, se relaciona mejor con los compañeros, se muestra más animada y abierta con todos y empieza interesarse por lo chicos.
Vemos cómo, al ofrecerle un lugar de enunciación, respondió exponiendo una queja: no la escuchaban. Y además, pudo advertir que ella tampoco hacía nada para conseguirlo. Es a partir de entonces que está mostrando su voluntad de hacerse escuchar: en la familia, la escuela, etc. Pero no todo discurre acorde al discurso del amo, ya que ahora, cuando las demandas del Otro la contrarían, contesta y discute con gran terquedad. Aunque esto ha ocasionado las quejas de padres y educadores, podemos constatar que su respuesta no es ya la inhibición o la agitación, si no que está en el orden del lenguaje. Lo que nos permite pensar que está en la vía de su inserción social.
* Intervención en la Jornada Sábados de la Orientación Lacaniana, organizada por la Comunidad de Catalunya de la ELP bajo el título: "Clínica y pragmática de la desinserción en psicoanálisis". Barcelona, 24 de Noviembre de 2007.
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