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Psicoanalistas en contacto directo con lo social
Continuamos esta serie de El Observatorio Psi con los textos de la jornada Sábados de la Orientación Lacaniana, organizada en Barcelona por la Comunidad de Catalunya de la ELP bajo el título: "Clínica y pragmática de la desinserción en psicoanálisis". Textos que se inscriben en el vector del trabajo anunciado por Jacques Alain Miller, para PIPOL 4 (11 y 12 de julio de 2009) que tendrá como sede Barcelona y como tema "Desinserción. Clínica y Pragmática de la Desinserción en Psicoanálisis".


Nº 41 / 07


Significantes desinsertados*

Cecilia Hoffman



La institución

El Cdiap (Centre de Desenvolupament Infantil i Atenció Precoç) de Sant Boi de Llobregat es un equipo interdisciplinar de atención a la pequeña infancia (0-6 años), que forma parte de una red de utilización pública, concertada con la administración. Desde su constitución, hace más de veinte años, por profesionales vinculados con el Campo Freudiano, viene llevando a cabo una labor clínica, así como de estudio e investigación en los ámbitos de la clínica infantil y del psicoanálisis aplicado.

El discurso analítico y la lógica del sujeto que se deduce del mismo han permitido configurar un modelo de trabajo interdisciplinar que no se reduce a un sumatorio de saberes o a la articulación ecléctica de las diversas concepciones. En el Cdiap se plantea la especificidad del criterio de cada disciplina, al tiempo que en el trabajo en equipo considera en todo momento la dimensión del sujeto, que opera así como el eje transversal al conjunto de los discursos. Esta es la vía principal por la que los psicoanalistas que trabajan en el Cdiap apuntan a producir y sostener las condiciones para que una institución dé lugar a que se produzcan efectos psicoanalíticos.

La estrategia del Cdiap en relación al contexto en el que se inserta y trabaja como equipo asistencial tiene también como vector el sujeto. Tratándose de la pequeña infancia, nuestros interlocutores son, por una parte, los padres y, por otra parte, los profesionales de diversos ámbitos: educadoras, maestras, psicólogos, pediatras, enfermeras, trabajadores sociales... ante los que intentamos mantener un espacio de interrogación sobre el sentido y la causa de los llamados "trastornos del desarrollo". Si bien es cierto que muchos profesionales de la atención a la infancia son atentos a la dimensión subjetiva que se halla en juego en dichos "trastornos", también lo es que este ámbito se halla especialmente expuesto a la incidencia de todo tipo de discursos y prácticas regidos por la exclusión del sujeto.

Este trabajo es el que permite que, en ocasiones -no pocas- los "trastornos del desarrollo" que presenta un niño -por ejemplo, como en el caso que leeremos a continuación, en la guardería- puedan ser significados por su educadora como signos del sujeto, y dar lugar a una interconsulta con un profesional del Cdiap. Ello dará lugar también a un trabajo previo con los padres, a los que, en lugar de proponerles alguno de los manuales de autoayuda que aportan técnicas para reducir el síntoma (los problemas con el sueño, la alimentación o el control de esfínteres, o los llamados "miedos infantiles", entre otros) se les indicará la conveniencia de que los malestares el niño tengan un destinatario, un lugar de escucha y de respuesta.

En el corazón del trabajo del Cdiap está la clínica. Al respecto, me ha parecido especialmente interesante la afirmación de Miller, en su texto de presentación del encuentro PIPOL41, que llama "Lugar Alpha", sostenido por la institución, no, dice, a un lugar de escucha, sino a un lugar de respuesta, la del analista, merced a la cual el parloteo revela contener un tesoro, el saber inconsciente. La labor del Cdiap de Sant Boi está consagrada a que este lugar sea posible.

El caso

  1. Información previa.

    Presento un recorte del caso de un niño que inició tratamiento a los dos años y dos meses y que atendí hace unos años, porque creo interesante el trabajo bajo transferencia que realizó este sujeto fuera de discurso para construir algo que lo ligue al Otro, para hacer lazo social.

    Dani vino al Cdiap derivado por la guardería, donde se habían preocupado por sus dificultades en la adaptación, señalando especialmente su retraso en el lenguaje, aislamiento, deambulaciones, no permanencia en ninguna actividad ni juego y, algo muy particular, el hecho de que arrojaba objetos sin parar, tanto juguetes como lo que encontraba a su alcance.

    Ya en nuestro Centro, la trabajadora social, que realiza las entrevistas de acogida de las familias, recogía algunos acentos en los dichos de los padres sobre sus propios motivos de preocupación, que resultaron de utilidad. A ellos les preocupaba, efectivamente, que Dani no hablaba, aunque recientemente había empezado a decir algunas palabras. A veces, dicen, creen que ha dicho, por ejemplo, "agua", pero no están seguros, y le piden que lo repita.

    También les preocupaba que "no sabe jugar" y "todo lo tira".

    Estos acentos sugerían, como luego confirmé, un menos en la atribución subjetiva por parte de los padres ante las producciones lúdicas y de lenguaje (demandas) del niño.

  2. Trayecto de trabajo

    Al principio, Dani no quería entrar sólo a las sesiones, así que trabajaba con él y con la madre. En las ocasiones en las que el padre asistía, también tomaba parte en el trabajo.

    Señalaré a continuación algunos momentos de cambio a los que refiere Miller en el texto citado, y que en este caso se suceden rápidamente, en los que el saber inconsciente se construye.

    Al final de la primera sesión ya hay un cambio que tendrá consecuencias.

    Dani entra rápidamente, sin dirigirme la mirada, ignorando la mía en los primeros momentos, evitándola después. Evita también dar signos de haberme oído si me dirijo a él. Nada del orden del sentido parece recortarse en el amplio abanico fonemático que acompañaba su actividad (vaciar cajas, arrojar juguetes, deambular entre el desorden de los juguetes caídos, arrastrar algún coche un trayecto breve, contemplar, también brevemente, los detalles del coche).

    Mientras atiendo difícilmente a su "juego", converso por primera vez con la madre sobre la primera infancia del niño. Anoto aquí dos cosas relevantes de esa conversación:

    La lactancia de Dani es un tema muy doloroso para ella. Llora cuando me cuenta que no pudo amamantarlo más allá de los cuatro meses. El niño, dice, se extenuaba, dormía mucho, cree ella que por el cansancio de intentar tomar el pecho y no poder. "No hubo manera". Dice "Mi marido tuvo que esconderme el extractor de leche, porque aquello era una locura". Atribuye la dificultad de amamantarlo, con dudas, a que Dani "tenía el frenillo de la lengua corto, y no quisieron operarlo hasta los seis meses". Es sorprendente este exceso de dolor, que, creo, se corresponde con su empeño fracasado de verse completada imaginariamente con el niño en su pecho.

    La otra cuestión es un comentario: "Cuando Dani se golpea, parece que no se diera cuenta". Al instante, el niño se golpea en la cabeza y no da signos de haber captado el golpe. Sin embargo, al decirle yo que se ha dado un golpe y hacerle una caricia, él repite mi gesto, acariciándose también, y dirigiéndome una mirada. Mientras tanto, la madre le dice a él que "no pasa nada".

    Esa mirada y ese gesto ante mi intervención, revelarán pronto haber sido la entrada en el dispositivo, un lazo social, la transferencia.

    En la segunda sesión se produce otra novedad.

    Otra vez ha arrojado algunas cosas y vaciado cajas, no diría que muy lúdicamente. Con su balbuceo similar al de la sesión anterior, se ha entretenido con coches, haciendo trayectos en el parking y observando las piezas, ruedas, luces...para fijarse en un momento dado en una pieza incompleta y señalarla diciendo "roto", a lo que respondo con manifiesto interés y asintiendo.

    La madre comenta que le parece que últimamente usa esa palabra, "en cosas que no están rotas", y recuerda que el día anterior el niño señaló la torre de la iglesia diciendo esta palabra y ella le corrigió: "No está rota, está en obras".

    Introduzco, dirigiéndome a ella, que tal vez, aunque no sepamos por qué, para él hay algo roto en esa torre, y que conviene escucharle, asentir. Ella se sorprende.

    Las pupas y el "roto" son, durante unos meses, significantes omnipresentes.

    Dani señala en cada sesión varias cosas de las que dice "roto" con tono de lamento. Eso cobra un sentido especial cuando nombra de esta manera la separación entre dos vagones del tren, o el saliente de las piezas de lego donde encaja otra pieza.

    Entiendo que es el significante que usa para la separación, lo cual apunta a un diagnóstico de "psicosis lúcida", si se me permite la expresión, pues está claro que algo se ha roto entre su madre y él.

    Arriesgué una respuesta: tomé como línea de trabajo ofrecer a disposición de Dani otros significantes, en pares: "roto"-"arreglado", "separados"-"juntos"; "montado"-"desmontado".

    También con tono de lamento, señala la cabeza de muñecos que se han caído, o que ha arrojado con fuerza contra el suelo: "pupa". Los curamos, haciéndoles una caricia, en la que él participa. En cuanto a sus propios golpes, soy yo la que tiene que señalarlos, con el texto y la caricia correspondientes, a los que se presta de buen grado.

    En una sesión Dani y yo convertimos el arrojar juguetes en un juego en el que apunto a nombrar cuándo están, se van, vienen, se ven, no se ven, etc. Mientras tanto, comento a la madre que los niños en edades tempranas gustan de vaciar y llenar, arrojar, etc. y que eso puede tener valor de juego para ellos. Me sorprende otra vez su sorpresa, que ahora parece un shock. Da la impresión en un momento de que resignifica su propia actitud, cuando dice, "entonces, soy yo la que no lo entiende". Viendo cómo Dani se apacigua y ordena el arrojar en un ir y venir donde el Otro pone algo, parece que capta lo que había desoído.

    Hasta aquí, me había orientado pensando en lo que dice Lacan en el Seminario V sobre la satisfacción simbólica producida en el sujeto cuando su mensaje es acogido por el Otro. Si tenemos en cuenta, con Miller en su texto de PIPOL4 y con Freud en Psicología de las masas, que la realidad psíquica es la realidad social, pensamos que los escasos interlocutores del sujeto-niño encarnan al Otro, el del lenguaje, el del goce y el deseo y la ley. Cuando un significante es acogido, siempre es nuevo, pues por la estructura del lenguaje, ningún significante es idéntico a sí mismo. Si Dani dice "roto" y ese significante ya está en el código, aún así, el Otro debe modificarse para acogerlo, pues al hacerlo, asiente y legitima el deseo del sujeto al que ese significante representa. El Otro se enriquece en ese acto, gana algo, pero para ello debe poder perder la fijeza de un sentido previo. Creo que la pregunta de Dani en ese momento puede formularse así: ¿Cuánto puedes perder sin romperte para acoger mi deseo...para que yo no tenga que arrojarme y estrellarme si no encuentro lugar allí?



(1) En La Lettre mensuelle, 261



* Intervención en la Jornada Sábados de la Orientación Lacaniana, organizada por la Comunidad de Catalunya de la ELP bajo el título: "Clínica y pragmática de la desinserción en psicoanálisis". Barcelona, 24 de Noviembre de 2007.