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Psicoanalistas en contacto directo con lo social
Continuamos esta serie de El Observatorio Psi con los ecos del reciente Encuentro PIPOL 3, cuya continuación, ya anunciada por Jacques Alain Miller, en PIPOL 4 (11 y 12 de julio de 2009) tendrá como sede Barcelona y como tema "Desinserción. Clínica y Pragmática de la Desinserción en Psicoanálisis".


Nº 32 / 07


Aislamiento del deseo, precariedad del cuerpo*

José R. Ubieto



Interesarse, como lo hace esta Jornada clínica del CPCT, por los modos en que la ciudad, como comunidad de lazos, trata lo real que pone en juego la pubertad, es una buena manera de captar las líneas de fuerza de esa sociedad.

Para situar brevemente algunos datos del contexto simbólico, de esa encrucijada a la que hace referencia el texto de presentación de la Jornada, podríamos caracterizar a la generación actual de jóvenes como una generación sometida a múltiples contradicciones, con cierta opacidad respecto al futuro para la cual las problemáticas afectivas, las fluctuaciones del animo, se presentan de diversas formas. Hemos visto las modalidades depresivas pero también encontramos un énfasis en una posición de impasse del deseo, acentuada por esa falta de perspectivas, cuyas derivas toman la forma del odio, la precariedad simbólica o la angustia manifestada en las formas extremas del pasaje al acto.

El psicoanálisis nos enseña que este impasse es estructural a la pubertad, donde la emergencia de nuevos cuerpos "afectados" de un real sexual, desconocido hasta entonces, empuja al acto, sea bajo la forma de las llamadas conductas de riesgo o de la errancia, soluciones que se plantean como ritos de paso posibles para poner a prueba la nueva identidad. Esto altera sin duda a los jóvenes pero también a los adultos que los rodean y que deben hacer su propio duelo para hacerse cargo de esos cambios y de las perdidas que introducen. Novedad doble, pues, en el cuerpo y en el contexto simbólico.

Ese impasse del deseo plantea una crisis de identidad y la angustia consecuente por responder a ese nuevo estatuto del ser. Lo característico de la época es tratar ese real por la relación directa a los objetos de goce. Si tradicionalmente la inserción social se hacía, primordialmente, por la identificación simbólica, hoy vemos como se realiza por el acceso al consumo. De allí que el sueño contemporáneo pase más -como señala Miller- por la satisfacción y no por la liberación. De hecho asistimos hoy al nacimiento de una nueva pareja que sustituye la tradicional en la que el significante amo disciplinaba los cuerpos. Ahora percibimos una inflación narcisista que trata de ensamblar el cuerpo y el individuo con el soporte de los objetos en sus diversos registros. Esa formula actual, ligar la pareja cuerpo/ individuo al Otro por la vía de los objetos es lo que da ese carácter fragmentario a los relatos contemporáneos, ya que tienen el "formato" del recorte pulsional propio de cada objeto.

Antonia es una joven que se presenta en el CPCT aquejada de lo que ella nombra como un "futuro negro", no le falta trabajo pero nunca consigue estar más de 2-3 meses. Está enfadada con todo y con todos y sólo querría putearlos y corregirlos por sus faltas, que fueran rectos. Como eso no es posible entra y sale, casi sin dejar huella en ningún sitio. Hace lo mismo con sus parejas y con los lugares que habita. Ahora, que lleva ya 3 meses asistiendo al CPCT, dice que es un milagro que siga viniendo. Huérfana precoz, dejo su país y ahora se rige a partir de ese circuito del abandonar-ser abandonada.

Sabemos que cuando el joven no encuentra un discurso establecido, capaz de traducir esas nuevas sensaciones corporales, busca una nueva lengua, más cercana al cuerpo, cuya dureza pone de manifiesto la inconsistencia del Otro. De allí que, a veces, la injuria y la ironía que dedica a ese Otro -y que en ocasiones lo deja al margen, rechazado-no sea sino una mueca provocadora, para mostrar ese agujero de saber.

Uno de los recursos privilegiados en este cortocircuito pulsional es el objeto droga, en un intento de burlar la falta en ser del sujeto hablante. Sandra es otra joven paciente del CPCT que acude, tras ser abandonada por su novio. Necesitaba disciplina -dice- en la coyuntura de un nuevo trabajo y ahora siente que no puede acabar las cosas, llegar a alguna meta, porque no se siente válida para el otro. Su brújula fantasmática oscila entre despreciar y ser despreciada, le resulta difícil también, como a Antonia, soportar la alienación a un lugar y por eso erra de un trabajo a otro y de una pareja a otra. En ese impasse encuentra una "solución" en el recurso al alcohol que le permite "autoafirmarse" en la barra de la discoteca en un semblante duro. De paso, mantiene a distancia el deseo del otro, que lleva el rasgo de una preferencia paterna inquietante.

El enigma de la existencia, al que cada uno puede confrontarse, es ese vacío que Freud llamo la Cosa y Lacan el objeto a. Es lo más intimo de cada cual, aquello que sostiene la causa del deseo y pone en juego el goce para cada uno. Se trata de un insoportable que provoca un exilio en el sujeto respecto a su sentimiento de humanidad y que en el intento de evacuar esa parte de si odiada surge la tensión con el otro, semejante o adulto. El acto se impone como tentativa de separación del otro. El aislamiento, la soledad en que el joven queda respecto a su deseo recubre, muchas veces, el deseo de muerte de si mismo, por ese odio a lo insoportable de su ser, a la vergüenza que le produce y que imagina como una falta de perspectiva.

Ese insoportable lo encarna bien Carla, excelente estudiante que deja inacabado su objetivo e inicia un periplo errático sostenido por el consumo regular de marihuana y por un novio que siempre tolera su malhumor y su maltrato. Marcada por una decepción paterna descree de todo, incluso de ella misma y se siente desganada, vacía, de ningún lugar. El partenaire le sirve de frontón de toda esa rabia de si misma, de su propia vacuidad. Ella empieza a tomar conciencia que con sus continuas provocaciones a lo que apunta es a la propia perdida, a realizarse como objeto que cae, a tratar de perderse para verificar el amor del Otro. "Vivo en el límite de muchas cosas" dice, consciente de la fragilidad de sus lazos al otro, en el límite, en realidad, de su desinserción social.

Traducir lo innombrable

¿Cómo traducir eso que por estructura es innombrable?. Si hasta ahora el ideal del yo, como punto desde el cual verse para el otro, funcionaba , ahora toca inventar un lazo inédito para incluir ese real y para ello juega la ética del adulto al que se dirige. En los diversos casos aludidos vemos como esa parte del goce que el sujeto no consiente en modificar por la palabra, lo conmina a errar, a la repetición de lo que queda sin traducción.

Cuando el sujeto se encuentra sobrepasado por ese odio de si, surge la tentación del acto como una solución para habitar el cuerpo y las conductas de riesgo se presentan como búsqueda de un limite al malvivir y a su existencia. El lenguaje ya no sirve para defenderse de lo real y el sujeto queda a solas, sin mediación posible, con ese cuerpo que aparece ilegible, en su dimensión pulsional. En ese decalage entre lo real del cuerpo y la precariedad actual de los semblantes sexuales, encontramos todo el catálogo de los sufrimientos adolescentes y de sus soluciones fallidas.

Laura explica que bebe compulsivamente desde hace 3 años, desde el momento en que lo dejo todo para vivir con una pareja mayor que la maltrataba. Hija única, atrapada en una pelea familiar entre el exceso paterno y su condición de objeto/consuelo inseparable de la madre, huye de esa escena para encontrarla de nuevo en esa pareja que forma con el partenaire y sobre todo con el tóxico. Ese objeto droga, como ella misma para la madre, debe estar siempre allí, lo que modula su acceso a la sexualidad que, de momento, se restringe a cuidar o dejarse maltratar.

Si como señalábamos antes, los adolescentes y jóvenes modernos prefieren cortocircuitar al Otro, de cuya palabra descreen, y tratar lo real del goce por la relación directa al objeto de consumo y por un uso singular del lenguaje, debemos estar atentos a su esfuerzo de traducción de lo indecible. Encarnar, en la cura, esa tensión entre el ideal y el objeto para acoger , de esta manera, eso que hace agujero en el saber, permitiendo así decir al sujeto, de forma paradójica, una parte de su imposible de decir. Ayudarles, en definitiva, a "hacerse un nombre", a tratar sus malestares por la creación/invención para ponerse a cierta distancia de esos pasajes al acto.

La literatura misma ya nos ofrece muchos ejemplos de esas prácticas inéditas del decir, de esas otras voces desde la de Truman Capote en su libro iniciático, escrito a los 17 años, o la pasión actual de los jóvenes por los blogs. Esta operación tiene, más allá de la incidencia particular -y ya que en esta Jornada hay profesionales de otras disciplinas -un claro alcance educativo y social que consiste en promover acciones que permitan a los jóvenes construir un relato de si mismos y de sus vicisitudes propias, sin dejar que otros las fantaseen por ellos. Un relato que se dirija también a los otros y que promueva otra manera de verlos, que no insista en sus consumos o en sus conductas asociales, sino en aquello que hay en ellos de nuevo e interesante.

En estas prácticas a varios, el encuentro con un analista tiene también su propia especifidad como lo prueba la presencia de analistas en variadas instituciones y proyectos de trabajo con jóvenes. A estas han venido a añadirse los CPCT, cuya clínica ofrece sin duda una oportunidad para este tratamiento diferente del real en juego.

El tratamiento de Antonia cobra una nueva perspectiva cuando ella inicia un blog donde explica sus aficiones literarias y produce algunos textos narrativos que comparte con otros internautas. Favorecer este hacer no es sin consecuencias sobre su deseo, suspendido, en relación a la literatura.

Carla ha podido perder algo del goce fantasmático de la escena de bronca con el partenaire para recuperar una antigua afición, la del retrato fotográfico donde su dar a verse cobra otra significación y promueve otros vínculos. Laura ha podido hacer un vaciamiento de esa escena familiar de la que no podía separarse y sus trabajos de reformas hacen del interior una creación propia con la que nombrar algo de ese goce domestico.

Se trata de pequeños ejemplos de lo que la apuesta del psicoanálisis puede promover en el trabajo con los adolescentes y jóvenes. Orientados en una pragmática de la cura que trata de extraer, de todas las repeticiones posibles, esos significantes amos que delimitan las coordenadas del sujeto. Reanimar esta dinámica significante, este uso del lenguaje que nombra algo de ese real más intimo, tiene sin duda un efecto de reinserción simbólica y permite así una inscripción en el Otro.



*Trabajo presentado en la III Jornada del CPCT-Barcelona: "Afectos: subjetividad y espacio urbano". Octubre 2007.