El 19 d'octubre 2007 en Barcelona tuvo lugar la III Jornada del CPCT. Bajo el título "la clínica del CPCT Afectes: subjectivitat i espai urbà", se reunió en la Biblioteca Jaume Fuster un variado aforo compuesto por profesionales de diversas disciplinas y pertenencias institucionales, que a lo largo de la mañana mantuvo un animado debate.
En el acto de apertura tomaron la palabra David Companyon, Conseller de Serveis Socials i Salut Pública del districte de Gràcia, que luego de unas amables palabras de acogida en la apertura de las jornadas hizo la invitación a hacer aportaciones en el Consell de Salud Pública para hacer visible esta tarea encomiable de atención a las personas frágiles. Xavier Esqué, en calidad de presidente de la ELP, subrayó el trabajo en red que está teniendo lugar en el conjunto de los CPCTs en España y en Europa, un trabajo que toma el relevo del psicoanálisis de Freud y Lacan al explorar el lazo entre el síntoma social y el síntoma particular del sujeto. Este lazo, dijo, hoy se encuentra tocado, lo que se puede ver en la clínica del CPCT en las nuevas formas sintomáticas con las que hoy se presenta el sujeto, afectado por la angustia y la depresión. Desenredar el nudo en el que se encuentra el sujeto, darle los medios necesarios para liberarse del sufrimiento y darle la oportunidad de escoger si quiere continuar en tratamiento, son el acicate de este trabajo.
Por su parte, Elvira Guilañá, directora del CPCT-Barcelona destacó como punto esencial la inscripción de los CPCT en la ciudad, lo que es posible por la existencia de la comunidad de psicoanalistas, poniendo así en evidencia que la salud pública nos implica en la utilidad pública del psicoanálisis. No hay espacio urbano sin subjetividad, de modo que alojar al sujeto en el espacio urbano favorece el vínculo social, principio que estas terceras jornadas van a explorar interrogando el lugar que el sujeto actual concede a los afectos. Destacó así mismo el valor de transmisión de esta experiencia que permite captar en tiempo real la subjetividad de la época.
La primera mesa abordó el tema de la depresión y de cómo esta afectación en el cuerpo incide en la subjetividad de nuestra época entre la exigencia y la renuncia, según rezaba el título de las presentaciones. Clara Bardón planteó la conveniencia de interrogar este término (depresión) que invade la clínica psiquiátrica y los medios de comunicación. En el recorrido de su exposición pudo dar cuenta de la necesidad de interrogar cómo en los últimos veinte años se han multiplicado estos diagnósticos acompañados de la producción de antidepresivos, con la paradoja que hoy ante el fracaso de su curación se propone su cronicidad. No se trata de un "no a la medicación", sino de un uso no estándar, puesto que en ocasiones puede ser indicado para poder tratar por la palabra, lo que abre a una cuestión ética, como lo puso de manifiesto a partir de dos viñetas tomadas de la clínica del CPCT.
Marcelo Curros puso el acento en otro aspecto de cómo se presentan un buen número de demandas en la clínica del CPCT, bajo la dupla baja laboral y diagnóstico de depresión. Su presentación recogió las reflexiones de un trabajo en común desarrollado por el Observatorio clínico CPCT-Barcelona. La hipótesis de este trabajo es que en estos casos el sujeto queda detenido entre la exigencia y la renuncia. La baja laboral suele formar parte de uno los tipos de respuestas preponderantes, junto a la hipermedicación y la reeducación. Frente a estas respuestas tenemos que plantear la dignidad del síntoma, que convenientemente interrogado conduce a un trabajo subjetivo que permite su elucidación. En la discusión con la sala se señaló cómo una indicación clínica muy temprana de Lacan ya nos da la clave que consiste en apuntar en la vía del deseo, como motor de la vida si cabe, que al psicoanalista le corresponde saber convocar. A la luz de los ejemplos clínicos se constató que no tratamos la depresión como un déficit, que nos conduciría a buscar un complemento de la falta, sino como un exceso de la pulsión que requiere de otra maniobra bien distinta, así como hay que ver en cada caso cómo opera el significante baja laboral, que si bien puede hacer obstáculo como baja del sujeto, también puede ser un recurso para el sujeto. Efectivamente, la clínica psicoanalítica nos permite hablar del uso particular posible, sea de la medicación o de la baja laboral, lo que supone partir de una posición ética, que hace contrapunto al aplastamiento por los protocolos de la función profesional.
La siguiente mesa consideró el trabajo llevado a cabo en el CPCT dentro del programa CPCT- Joves bajo el lema "aislamiento del deseo, precariedad del cuerpo". Como señaló Rosa Calvet, hoy tenemos cuerpos en precario en los que incide el ruido y necesitamos espacios como el de la biblioteca que nos acoge, en los que el silencio no sea un mero contraste al ruido de las calles urbanas sino un espacio donde se puede alojar la palabra y el vínculo. El CPCT también es un lugar que responde al Otro social de la actualidad, instalado en la normatividad y que además incide con sus marcas identitarias que testimonian de un rechazo de la subjetividad. Esa respuesta ya viene de Freud, que socializó al sujeto abriendo nuevos horizontes al tratamiento de lo mental, posibilitando cernir el nudo social del síntoma que ha sido aplastado. En la discusión se suscitó el debate sobre la operación del psicoanalista y su intervención oportuna para dar lugar a la subjetividad tan cara a la época, considerando que su neutralidad no es incompatible con la conversación que sabe dirigirse al sujeto.
José Ramón Ubieto centró su intervención desde el impasse del deseo, estructural de la pubertad, por la emergencia de lo real del sexo. En este sentido conductas de riesgo y extravíos varios pueden ser tomados como los nuevos ritos de paso caracterizándose la inserción social en la época actual por la vía del consumo. Desde la clínica del caso por caso se pudo comprobar una vez más cómo, dejar en suspenso el nombramiento del Otro sobre el sujeto, unido al desbroce de su historia, produce efectos de inserción simbólica que inciden en una mejor inserción social en el Otro. Así, el éxito del dispositivo tiene que ver con la oferta que se hace.
En la mesa sobre "tiempo y espacios de duelo", se transmitió la experiencia del programa CPCT- dol. En primer lugar Hebe Tizio nos ofreció algunas reflexiones en torno a la relación del síntoma con el trabajo de duelo, señalando que no hay que confundir el acompañamiento con el trabajo de duelo. Es cierto que hasta no hace mucho la familia era el espacio de duelo esencial, mientras que hoy se profesionaliza la función de acompañamiento hasta el punto de normativizarla. Pero hay que saber en este punto, como señaló H. Tizio, que los protocolos son el control social a dos bandas, puesto que borran al sujeto y borran al profesional. En cuanto a lo que hace al síntoma y al trabajo de duelo, la clave de su tratamiento está en poder abordar lo que no entra en la representación, puesto que no se trata tanto de la falta del Otro por el efecto de la pérdida como el ser lo que le faltaba al Otro ante el encuentro con esa pérdida, lo que apunta a la posibilidad de una redistribución libidinal.
Por su parte Rosalba Zaidel retomó la diferencia ya señalada por Freud, entre lo que sería el acompañamiento en el momento de la pérdida y trabajo de duelo. Criticó cómo hoy todo cambio que no ha sido previsto pasa enseguida a considerarse traumático. Ahí estaría el psicólogo de urgencia con su correspondiente protocolo estándar, sosteniendo la ilusión del control. Finalmente, recordaba que el tiempo del duelo no se puede "cronologizar", no hay tiempos estándares ya que el sujeto puede incluso decir "no por ahora" y postergar el trabajo de duelo.
El cierre, contó con la presencia de Elsa Blasco, Regidora del Districte Horta Guinardó, que subrayó cómo estas jornadas dejan muy claro el interés de los psicoanalistas por lo social y lo público, aunque a menudo se les asocie más bien al ámbito de lo privado. Al mismo tiempo señaló la responsabilidad de los políticos en facilitar y abrir espacios para la conversación, como el que representa el CPCT-Barcelona. Por último dedicó unas palabras al trabajo realizado por el CPCT- joves, a partir de lo escuchado en las Jornadas, sobre las condiciones que supone crear espacios para los jóvenes, en el sentido de que en ocasiones la abundancia de ofertas genera espacios "llenos", espacios saturados de ofertas cuyo efecto paradójico es que no dan lugar.
Antoni Vicens, como Director Comunidad de Catalunya-ELP, perfiló la tarea que se desarrolla en el CPCT. Destacó la diferencia entre la oferta del CPCT y lo que podría confundirse con una labor de ONG. Señaló que la labor analítica se rige por una lógica contraria al protocolo; para el analista, primero está el acto y luego la explicación. Se trata entonces, de una orientación que se desmarca del ideal del poder y la previsión, que terminan poniendo al sujeto al servicio de los programas.
Para concluir, frente a la apariencia científica que toma hoy la sociedad del adiestramiento, que pretende reducir el abordaje del malestar humano a un ejercicio de transformación del comportamiento y la cognición, nos recordó que en la orientación que el CPCT toma del psicoanálisis no se trata de la cognición sino del saber.
Por último, Victoria Vicente, miembro del Equipo de dirección CPCT Barcelona hacía una reflexión sobre nuestra época, en la que asistimos a la promoción de lazos identificatorios que no se anudan a los ideales familiares ni sociales sino que se establecen en el terreno del ocio, a partir de las figuras del doble yo, de los niks… de ahí las dificultades de los jóvenes, los jóvenes invisibles. Ante esto, resaltó la importancia de mantener abierta la pregunta acerca de ¿Desde dónde se orientan los jóvenes? ¿Qué orienta su conducta? ¿Cómo establecen sus lazos? Proponiendo a partir del psicoanálisis la hipótesis de que el afecto hace lazo, hace vínculo. A partir de la pregunta ¿qué tratamiento para los afectos? planteó la propuesta del CPCT, que pasa por acoger, dar lugar, una presencia y un espacio. Poner en acto el deseo del analista que habilita un vacío, versus la pulsión de muerte, que se presenta en el lleno de las conductas, del afecto depresivo, de los orificios del cuerpo con el ruido, la comida, la mirada... En definitiva, entre las prescripciones que funcionan dando de baja al sujeto y los objetos que obturan todos los espacios, se trata de ofrecer la posibilidad de que la palabra pueda desplegarse.
La Jornada tuvo como punto de cierre la invitación a la próxima cita, en Barcelona, en octubre del 2008.
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